lunes, 1 de noviembre de 2010

Platero y yo.

Ya en la puerta, y cuando voy a entrar en El Vergel , me dice el hombre azul que lo guarda con su caña amarilla y su gran reloj de plata:

-Buenaz zeñó. Zi quiere entrá en El Vergé tiene que agarrá bien ar burro.
-Buenas ,¿a qué burro se refiere usted?- contesto yo, sin acordarme de la forma animal de Platero.
-Poz que burro va a ze zeñó, er que lleva a zu lao.
-¿Platero? Si si, no se preocupe que es muy educado y no se porta mal.
-Zi ez azí, ¿quiere que lez enzeñe ezto?
- Es usted muy amable, sería un placer.

Tras ese pequeño despiste, Platero y yo salimos detrás del guardia observando los maravillosos paisajes del parque.

Pasamos al lado de un lago en cuyas aguas cristalinas se observan miles de colores procedentes de peces nadando, en un mundo totalmente paralelo al nuestro, también hay patos mojando sus alas en el agua , y patitos siguendo en fila india a su madre, fuera donde fuera. Platero y yo nos quedamos mirando con la cabeza apollada en la valla, observando aquel mundo tan maravilloso a través de la luz de la luna amarillenta que se va encendiendo.

-Bonita ezcena, ¿verdad? - dijo el guardia para nuestro asombro. - Loz patitoz acaban de nacé zeñó, parece que ha Platero le guztan.- comentó al ver que Platero esta olfateando a los patos cual madre olfatea a sus cachorros.
-La verdad es que si, Platero es muy amigable como ya le he comentado antes.- Dije, asombrado de que aquel hombre que me había parecido tan serio fuera en realidad muy agradable.

¡Qué maravilla de sitio! Hay todo tipo de árboles: cipreses, palmeras, manzanos, cerezos, una diversidad de color por la cual Platero y yo estamos muy asombrados y a la vez felices de poder disfrutar de aquellas vistas. En un momento, me choco con el hombre de azul:

-¡Mire uzté zeñó, que Platero ze come laz cerezas!- dice el hombre muy nervioso y asustado.
-No se preocupe,solamente está olfateando el maravilloso olor del parque.
-Po favó, agarrele con má fuerza, no querría echarles.
-No se preocupe en absoluto, ya e acortado la cuerda.

Después de pasar entre estos maravillosos árboles, algunos con las ojas ya caídas por el comience del otoñó, pero otros en su estado más bello con las hojas amarillentas e incluso con el fruto , llegamos a una cueva con una cascada rodeándola por la cual pasamos hasta llegar al final de nuestra maravillosa visita.

-Bueno señor, muchas gracias por guiarnos. A sido un experiencia inolvidable.
-De nada zeñó , vuelva, vuelvan cuando quieran.

Platero y yo, con una sonrisa en la cara, nos disponemos a seguir nuestro camino , en busca de otros lugares tan maravillosos por descubrir.

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